No rayes la historia: el daño invisible en los muros del Castillo de Niebla

Un daño irreversible
A lo largo de los años, muchas personas han escrito sus nombres, fechas, mensajes de amor o firmas de grupos en las murallas del castillo, sin pensar que con cada marca están debilitando la estructura y alterando su historia. Lo que parece un simple acto de "dejar huella" es, en realidad, un daño irreparable al patrimonio de todas y todos.
Rayar es un delito. Este monumento, protegido por la Ley 17.288, está construido en cancagua, una piedra frágil y porosa que ha soportado siglos de lluvias, terremotos y viento. Pero a diferencia de la naturaleza, los rayados no suelen desaparecen con el tiempo: cada inscripción, cada nombre tallado, cada trazo deja una herida que no se borra fácilmente.
Un castillo que nunca enfrentó una guerra, pero sí el abandono
El Castillo de Niebla nunca fue destruido por cañonazos. Sus muros no cayeron bajo el fuego enemigo, pero sí sufrieron décadas de abandono antes de convertirse en museo. Desde la apertura del puente Cruces en 1987, el turismo aumentó significativamente, pero con ello también el desgaste del sitio.
A pesar de importantes esfuerzos de conservación, como la restauración del Proyecto V Centenario (1991-1992) y las mejoras de 2013-2014, las marcas del descuido siguen ahí. No podemos retroceder en el tiempo, pero sí podemos evitar que este daño continúe.
Trascender sin destruir
¿Por qué algunas personas sienten la necesidad de dejar su nombre en un muro histórico? Quizás por el deseo de ser recordadas. Sin embargo, la verdadera trascendencia no está en escribir sobre una piedra, sino en cuidar el legado para las generaciones futuras.
Si quieres dejar tu huella, hazlo de otra manera: comparte una foto y etiquétanos @castillodeniebla publica una historia, aprende sobre el castillo y su historia. Pero no lo dañes.
Cada rayado borra parte del pasado. No rayes la historia.